Aunque fueron las norteamericanas las que desempeñaron un papel principal mas importante en la creación de organizaciones feministas en muchos países -no solo en Australia y Nueva Zelanda, sino también en Alemania, por ejemplo -, el feminismo británico también tuvo un papel influyente aunque menos directo. The subjection of women, de Stuart Mill, tuvo una influencia incalculable sobre el feminismo de todo el mundo. Y en la cruzada contra la regulación estatal de prostitución, el movimiento norteamericano fue en gran parte engendrado por su equivalente británico, que suministró a las "nuevas abolicionistas"de todo el mundo los elementos más importantes de su programa e ideología.
Cronológicamente, el feminismo británico fue el segundo, después del norteamericano, que apareció de forma organizada. De hecho se remonta a la década de 1850, aunque anteriormente a esta fecha se crearon algunas organizaciones por razones cuyas implicaciones, si no sus fines manifiestos, eran de carácter feminista. En Gran Bretaña la década de 1850 fue testigo de varias reformas sociales que afectaron a la mujer. En 1852, una ley del parlamento puso fin al derecho del marido a obligar a su mujer a cohabitar con él al dictar auto de habeas corpus contra cualquiera que le diera refugio.
En 1857 fue promulgada la ley del divorcio. Por supuesto, esto fue sólo el comienzo: hasta 1891, un marido todavía tenía derecho a secuestrar y encerrar a su mujer, y mientras la ley de divorcio de 1857 permitía al marido divorciarse de su mujer por adulterio, exigía a la mujer probar que él era culpable de violación, sodomía o bestialidad, o de adulterio juntamente con incesto, bigamia, crueldad o abandono.
Sin embargo, las diversas medidas de la década de 1850 señalaron con claridad los comienzos de una nueva actitud hacia la mujer, que iba a otorgarle una mayor libertad de la que había sido posible anteriormente. Antes de 1857, por ejemplo, el divorcio era únicamente posible a través del costoso proceso de obtener un acta privada del Parlamento. Y al mismo tiempo que se realizaban estas reformas, también aumentaban las oportunidades en el campo de la educación.
A finales de la década de 1840, la enseñanza secundaria para muchachas entró en una nueva era con la fundación del Queen´s College y el Bedford College en Londres, y durante la década de 1850 grupos de mujeres no organizadas comenzaron a presionar para conseguir más reformas en la educación. Esta actividad culminó en el Royal Commission Report (Informe de la Comisión Real) de 1858, que recomendaba la creación de un sistema nacional de escuelas secundarias para muchachas, a fin de educar a las niñas de la clase media en las nuevas y complejas tareas de la economía doméstica con que tenía que enfrentarse el ama de casa burguesa en la floreciente sociedad de la Inglaterra victoriana.
Además, estos cambios en la enseñanza beneficiaron de paso a las solteras, cuyas oportunidades económicas eran cada vez mas menguadas debido a la creciente profesionalización, sobre todo de la enseñanza y la medicina.
Fue la participación de las filántropas de la clase media en los debates en torno a estas medidas lo que dio lugar al feminismo organizado. Un comité de mujeres constituido para elevar una petición a favor de la ley de la propiedad de la mujer casada en 1855 se transformó posteriormente en la Society for the Employment of Women (Sociedad para el empleo de la mujer), y también adquirió una revista, la Englishwoman´s Journal, que permitía a sus miembros expresar sus ideas sobre una amplia serie de temas.
Esta concentración en las cuestiones económicas, junto con una preocupación por el aumento de las oportunidades educativas, fue una característica del moderado en sus etapas formativas en muchos más países que en Gran Bretaña. También lo fueron los lazos políticos generales de los cuales han hecho caso omiso los estudiosos del primer feminismo británico: le década de 1850 en Gran Bretaña fue una época en que las fuerzas reformistas cerraron filas, en que la preocupación de la clase media por las cuestiones sociales aumentó tras el miedo al cartismo de la década de 1840, en que el radicalismo burgués volvió a surgir.
Los desastres de la guerra de Crimea inspiraron una creciente inquietud por la capacidad y el profesionalismo como criterios de la administración, expresados entre otras formas por las demandas de abolición de la compra de los cargos oficiales. Esto no solo tuvo consecuencias específicas para las mujeres, como la exigencia de una mayor titulación profesional en la medicina, la asistencia sanitaria y otros campos, sino que, de modo más general, engendró una serie de asociaciones dedicadas a la reforma social, de las cuales la National association for the promotion of social science (Asociación Nacional para la promoción de la Ciencia Social), organismo que dio origen al primer movimiento feminista, fue tal vez la más importante.
Las mujeres intervenían activamente en muchas de estas asociaciones, a veces -como en el caso de Octavia Hill en el movimiento voluntario de auxilio a los pobres de Londres- en su mismo centro. Estos acontecimientos formaron parte de una transición general de la política elitista de los Wigs en la década de 1840 hacia el liberalismo popular de la de 1860.
En este proceso, la decadencia del radicalismo extremista entre la clase obrera después de 1848 y la adopción de actitudes liberales por parte de la mano de obra especializada desempeñaron un papel importante, al igual que la integración de los grupos protestantes inconformistas en el sistema político, del cual habían sido excluidos anteriormente por diversas medidas discriminatorias.
El Movimiento sufragista comenzó en Gran Bretaña en 1866 con la presentación ante el parlamento de una petición firmada por 1499 mujeres exigiendo que la reforma del sufragio que entonces se debatía incluyera el voto para la mujer. Las organizadoras de la petición, que fue presentada por John Stuart Mill y Henry Fawcett entre la Cámara de los Comunes, eran principalmente feministas moderadas de la Society for the employment of Women .
Es evidente que no habrían pedido el voto si no hubiera sido por el debate que hacía estragos en torno a la propuesta de ampliación de los derechos políticos a clases de hombres no incluidas entre las que habían recibido el voto gracias a la gran ley de reforma de 1832. Al ser rechazada la petición, las organizadoras, conjuntamente con otros grupos de fuera de Londres, procedieron a crear en 1867 un movimiento permanente: La National Society for Woman´s Suffrage (Sociedad Nacional pro Sufragio de la Mujer). La figura mas destacada de la NSWS hasta 1890 fue Lydia Becker , liberal manchesteriana; el movimiento mantuvo estrechas relaciones con los liberales librecambistas de Lancashire.
Comparadas con las dificultades que tuvieron que afrontar sus hermanas norteamericanas, la tarea con que se enfrentaba Becker parecía fácil. Todo lo que tenía que hacer era conseguir que liberales de izquierda como John Stuart Mill, Jacob Bright y Richard Cobden se animaran a presentar proyectos privados de ley en favor del sufragio femenino. Estos proyectos fueron presentados todos los años desde 1870 hasta 1878, y a partir de 1884 (salvo en 1889 y 1901). En general pedían un sufragio restringido (por ejemplo, la extensión de los vigentes derechos de voto a la mujer). En 1870 un proyecto de ley sobre el sufragio femenino fue aprobado en la Cámara de los Comunes por una mayoría de 33 votos. En 1884 se aprobó otro por 21 votos y en 1897 otro obtuvo una mayoría de 71. En 1904 la mayoría a favor fue de 114, y en 1908 fue nada menos que 179.
Un apoyo tan grande era, por supuesto, impresionante. Pocas legislaturas en el mundo, y ninguna en Europa, podían jactarse de contar con unas mayorías tan tempranas, tan repetidas y tan grandes. Sin embargo, aunque las Cámaras del Parlamento eran soberanas en Gran Bretaña, estas votaciones no produjeron ningún resultado tangible por varias razones. En primer lugar los conservadores, muy influenciados por la aristocracia y los intereses de los terratenientes , se oponían rotundamente al sufragio femenino, y aunque a veces se encontraron en minoría en la Cámara de lo Comunes, a partir de mediados de la década d 1880 estuvieron en mayoría permanente en la Cámara de los Lores.
Aun más importante fue el hecho de que durante las dos décadas posteriores a 1885 los conservadores apenas dejaron el poder. Los pocos gobiernos liberales que hubo durante este periodo fueron efímeros. Por consiguiente, la gran mayoría de los proyectos de ley sobre el sufragio femenino fueron arrinconados sin votación o "extraviados" por los gobiernos conservadores durante su paso por la Cámara de lo Comunes, aun cuando hubieran obtenido un voto mayoritario anteriormente. Y de nuevo, cuando en 1867 y 1884 se amplió el derecho al voto para hacerlo extensivo a los varones de las clases medias bajas y de la aristocracia del trabajo, muchos miembros del Parlamento consideraron que si añadían el voto para la mujer pondrían en peligro el proyecto de ley original. También otros problemas, como la cuestión irlandesa, restaron la importancia al sufragio femenino durante este periodo.
Además, el propio movimiento a favor del sufragio femenino casi perpetuamente en dificultades durante las décadas de 1870 y 1880. En 1871 La National Society for Women´s Suffrage de Londres rompió con la asociación nacional y no se reincorporó a este organismo hasta 1877. Durante las dos décadas que siguieron a la ley de reforma de 1867, a pesar de la nueva ampliación del sufragio masculino en 1884, el clima político fue desfavorable al movimiento sufragista. Al igual que su réplica norteamericana el feminismo británico había sufrido una"radicalización prematura", y el movimiento sufragista constituido bajo el estímulo del debate nacional en torno al sufragio masculino en 1867 pasó por continuas dificultades durante las dos décadas siguientes, y tal vez se mantuvo vivo gracias sobre todo al continuo apoyo que su causa consiguió en la Cámara de los Comunes. Sin embargo fue precisamente durante este periodo cuando se pusieron los cimientos tanto sociales como organizativos para una transacción completa al radicalismo.
Las oportunidades educativas y profesionales aumentaron; las mujeres fueron admitidas en Oxford y Cambridge y en 1876 consiguieron el derecho a matricularse en medicina. La rápida expansión, durante la década de 1870, de la enseñanza, la asistencia sanitaria y otras profesiones procuró empleo e independencia económica a un número cada vez mayor de mujeres. Además estos mismos años fueron testigos de la creación de movimientos femeninos de reforma moral, los cuales contribuyeron a la extensión del movimiento feminista en un sentido radical. La más de estas organizaciones de reforma moral fue sin duda el movimiento para combatir la regulación estatal de la prostitución fundado en 1869 por Josephine Butler.
Al igual que al movimiento norteamericano al que sirvió de modelo, la organización de Butler consiguió algunos triunfos espectaculares, sobre todo en las elecciones parciales de Colchester de 1870, en las que un candidato partidario de la regulación fue derrotado tras una masiva campaña abolicionista contra él. Butler ganó para la causa a las iglesias protestantes y a los sindicatos en la década de 1870, y el advenimiento de un gobierno liberal en 1880 preparó el camino para la suspensión de la regulación estatal en 1883 y su abolición en 1886.
Los abolicionistas ingleses se vinieron beneficiados por un cierto número de factores. Mientras los norteamericanos tuvieron que montar toda una serie de campañas locales debido a que la regulación no estaba sancionada a nivel federal, sino a nivel estatal o municipal, los abolicionistas ingleses pudieron concentrar todas sus energías en influenciar una sola institución, el Parlamento, y el derecho de que la regulación se hubiera hecho por decreto del parlamento (las contagious Diseases Acts) hacía que su derogación fuera relativamente sencilla una vez conseguido el apoyo público suficiente. Además de contar con el respaldo de poderosas instituciones como las iglesias y los sindicatos, la campaña de Butler se benefició también de una tendencia cada vez mayor hacia la represión moral que siguió a las leyes de reforma de 1867 y 1884 (y por supuesto lo reflejó en parte).
La concesión del sufragio a la pequeña burguesía y a la aristocracia del trabajo, que copiaran, exagerándolas, las posturas morales de las clases medias establecidas, y la inquietud entre el electorado por la estabilidad del orden social y político al ampliarse los derechos políticos de tres millones a un total de cinco millones de votantes en 1884, fueron acontecidos que contribuyeron a crear un clima moral en el cual fueron clausurados varios lugares nocturnos londinenses de mala fama, eminentes políticos se vieron acosados hasta el punto de tener que retirarse de la vida pública por sus pecados morales, y se creó una asociación nacional de vigilancia para combatir la pornografía a través de la propaganda y la acción parlamentaria, con el aplauso general de la prensa.
Estos acontecimiento prepararon el camino para la plena transición al feminismo radical en Gran Bretaña. El transfundo político fue una importante reorientación de la política liberal en Gran Bretaña que comenzó a finales de la década de 1880. Esta reorientación sentó las bases a nivel popular para el espectacular resurgimiento de los liberales con su triunfo aplastante en las elecciones de 1906. A medida que cambiaban de táctica para adoptar una postura más radical, mucho liberales comenzaron a considerar la cuestión del voto femenino bajo una nueva luz. Aunque los dirigentes liberales, Gladstone, Harcourt y más tarde Asquith, continuaron oponiéndose rotundamente al voto femenina, la reorientación de la política liberal desde la base produjo una actitud cada vez mas favorable hacia él ,entre los militantes.
Como parte de este proceso, las mujeres liberales empezaron a interesarse de modo más activo por el sufragio femenino. Inicialmente se encontraron con la oposición del movimiento sufragista establecido, el cual -como muchos grupos feministas moderados- opinaba que era importante conservar su propia neutralidad política, aun cuando la mayoría de sus miembros militasen en una parte concreta del espectro político.
En 1888 las sufragistas partidarias de la admisión de los grupos de mujeres liberales se separaron de la sociedad de Becker y fundaron la Central National Society for Women´s Sufrage. En 1889 se constituyó la Women´s Franchise League (liga pro sufragio de la mujer), estrechamente vinculada al Partido Liberal, que criticaba la "falta de valor y fe" de los sufragistas al limitarse (siguiendo la moda clásica de las feministas moderadas) a pedir el sufragio para las viudas y solteras con propiedades. La Liga pro Sufragio de la mujer pidió también el derecho al voto para la mujer casada.
En 1890 Becker Lydia murió y la sustituyó como presidente de la National Women´s Suffrage Society una mujer más radical y decidida, Millicent Garrett Fawcett. Estos hechos culminaron en 1897 con la unión de todas las sociedades sufragistas en la National Union of Women´s Suffrage Societes (Unión Nacional de sociedades pro Sufragio de la Mujer). Su programa era mucho más amplio que el de sus predecesoras, su número de afiliadas mayor, su base más amplia y su voluntad de emplear tácticas vigorosas e inventivas más firme. En 1897 eran dieciséis las sociedades miembros; a partir de 1903 comenzó una rápida expansión, aumentando el número de organizaciones de la NUWSS a setenta en 1909 y a más de cuatrocientas en 1913. Este rápido crecimiento no se debió únicamente a los esfuerzos de la NUWSS, pero que sin los cimientos puestos en la década de 1890 difícilmente habría sido posible.
La importancia de Gran Bretaña en el desarrollo del feminismo mundial sólo fue superada por la de Norteamérica. El teórico más importante de feminismo, John Stuart Mill, y la figura más influyente del feminismo moral internacional, Josephine Butler, fueron británicos. El feminismo británico, nacido en la década de 1850, y radicalizando prematuramente en la de 1860 y luego más completamente en la década de 1890, siguió una trayectoria no muy diferente de la de los movimientos feministas de otros países. Visto desde una perspectiva europea, el movimiento feminista británico era en la década de 1900 no sólo grande y vigoroso, sino también radical y próspero. A comienzos de 1910 su movimiento sufragista se había convertido en uno de los mayores del mundo. Sus tácticas, que influían frecuentes desfiles por las calles y manifestaciones de masas al aire libre, eran más atrevidas que las de cualquier otra organización feminista fuera de Estados Unidos. Disfrutaba de un grado de apoyo en la legislatura inigualado incluso en Norteamérica. Sin embargo, con respecto a la cuestión de los plenos derechos de sufragio para la mujer, no fue capaz de traducir este apoyo en resultados prácticos. Para dar con movimientos feministas europeos que lograran hacerlo, tenemos que buscar en otros lugares.


"Cuando los miembros antisufragistas del Gobierno critican la militancia de las mujeres, siempre me han parecido bestias salvajes reprochando a tiernos animalitos que se resistan con desespero al borde de la extinción"
Emmeline Pankhurst escribía esto en 1912, varias décadas después de haber desempeñado un papel decisivo en la fundación del movimiento sufragista británico, para convertirse en la fuerza más poderosa del feminismo de principios de siglo en Europa.
Bautizada como Emmeline Goulden el 14 de Julio de 1858 en Manchester, se convertía en señora Pankhurst al casarse en 1879 con el político Richard M. Pankhurst, uno de los promotores del movimiento por el reconocimiento del voto a la mujer. Era una niña de nueve años cuando un grupo de mujeres, entre las que se encontraban Dame Millicent, Garret Fawcett y Lydia Becker, fundaba la Sociedad Nacional para el Sufragio Femenino en 1867. Poco después llegaba a Londres para cursar estudios de enseñanza secundaria, y vivía en una habitación en Clemens Sun, junto al palacio de Justicia. Desde allí, cuando todavía era adolescente, empezó a enviar y proclamas a los periódicos y a participar en las manifestaciones de las primeras sufragistas.
Las pancartas con el lema "El voto a la mujer" se paseaban por las calles de la capital británica bajo la mirada vigilante de la policía y en medio de las burlas y críticas de los políticos. No sólo de los semanarios satíricos empezaron a dedicarle páginas al movimiento sino que hasta las Cámaras del Parlamento tuvieron a bien dedicar largas sesiones a tratar de ridiculizarlo. El veterano político Herbert Gladstone pidió en una ocasión que a los lores que procesaran y encarcelaran a Emmeline, mientras un coro de políticos de dos grandes partidos, conservador y liberal, pedía la ilegalización del movimiento alegando que provocaba escándalos callejeros.
El semanario satírico The Punch llegó a caricaturizar a Emmeline Pankhurst como un perro dogo con el sombrero de mujer. Nada más lejos de lo que se aprecia en el retrato de la líder sufragista en la National Portrait Gallery de Londres, en el que aparece como una mujer elegante y bella. Esposa de uno de los pocos políticos de la época que luchó por el voto femenino, su hogar fue durante mucho tiempo un pequeño ejército de activistas. Sus hijas, Christabel, Sylvia y Adela, se sumaron al movimiento y dieron continuidad a su lucha, convirtiendo a los Pankhurst en un foco de resistencia y punto de referencia obligado para las mujeres que reclamaban sus derechos, atrayendo la creciente atención sobre todo del público británico y, en general, del mundo anglosajón.

Pero Emmeline fue un eslabón en una cadena muy prolongada. Antes de que ella incluso hubiera nacido, Lucrecia Mott y Elizabeth Cady Stanton eran ya conocidas por su lucha a favor de la emancipación de la mujer. Pero sí fue la más combativa y la que marcaría el feminismo de principios de siglo Su primera victoria la obtuvo en 1894 al lograr el derecho al voto para la mujer casada en el ámbito municipal, lo que pede compararse con el hecho de que, por ejemplo, el sufragio universal masculino sólo se consiguió en la España de la Restauración bajo Sagasta en 1890, y en cuanto a libertades formales la monarquía del siglo pasado no iba por detrás de las demás naciones europeas.
Encargada de redactar el primer proyecto de ley sobre el voto feminista, en ese mismo año la sufragista iniciaba poco después su militancia en el partido Laborista, fundado al año siguiente.
Cada vez más frustrada por la oposición que encontraba incluso en sus compañeros de partido y la falta de apoyo en el Parlamento, Emmeline fundaba en 1903 la Women's Social and Political Union, que pronto contaría con más de 260.000 mujeres como afiliadas y simpatizantes.
Las sufragistas trataron de atraer la atención pública con largas marchas , piquetes, apedreamiento de escaparates e incluso algún que otro petardo de fabricación casera, lo que llevó a Emmeline y a sus hijas más de una vez a la cárcel.
Las apariciones de la líder feminista eran siempre sonadas. El discurso que pronunció cuando se la llamó a comparecer ante el Parlamento británico para exponer sus reivindicaciones fue casi tan apoteósica como su visita a Estados Unidos durante la I Guerra Mundial
Al regreso de EEUU, la señora Pankhurst se puso de nuevo al frente de la lucha por el voto, interrumpida durante la guerra. Al término de la contienda de 1914-1918, su combate culminaba con la concesión del voto a las mujeres británicas en 1928 tras haber sufrido persecuciones, haber sido encarceladas, atacadas y sufriendo gran cantidad de problemas.

-Mill, John Stuart (Londres, 1806-Aviñón, Francia, 1873) Filósofo y economista británico, hijo mayor del también filósofo, economista e historiador James Mill, que le sometió a un riguroso proceso educativo y a una férrea disciplina. Cuando cumplió los diecisiete años, su padre le buscó empleo en la East India Company, organismo del gobierno británico en el que él trabajaba y que se encargaba de administrar los asuntos de la India.
Paralelamente a sus tareas burocráticas en la East India Company, el pensador, escritor y político que fue Stuart Mill se dio a conocer en 1843 con la publicación de «Lógica», dos volúmenes en los que expone los principios de una teoría empirista del conocimiento. El éxito fue tal que le abrió el camino a la publicación de «Ensayos sobre algunas discutidas cuestiones de economía política»; pero fueron principalmente sus publicaciones posteriores, como «Principios de economia política» (1848), donde propugna un individualismo liberal socializante, regido por la moral utilitaria que busca el progreso de la humanidad, «Sobre la libertad» (1859) y «Pensamientos sobre la reforma parlamentaria» (1861), las que le consagraron como decidido defensor de la libertad en todos sus campos, libertad que reclamó sobre todo para las mujeres en «La servidumbre de la mujer» (1869).
A principios de 1865 tuvo ocasión de llevar sus teorías a la práctica, tras presentarse candidato a la Cámara de los Comunes y resultar elegido por tres años. Durante este período preconizó la intervención del Estado en favor de los desheredados, la modificación de la propiedad y la formación de cooperativas de producción, y, sobre todo, fue un acérrimo defensor de la liberalización política de la mujer y de su derecho al voto. Basándose en la moral utilitaria de carácter social, como puso de manifiesto en «Utilitarismo» (1861), que busca la mayor felicidad del mayor número de personas, encuentra el fin último de las aspiraciones humanas en el placer que proporciona lo útil.
-Gladstone, William Ewart (Liverpool, 1809-Hawarden, Flintshire, 1898) Político británico. Aristócrata de origen escocés, tory y ferviente anglicano, fue ministro de Comercio (1843-1845) y de Colonias (1845-1846) del Gobierno de Robert Peel. Posteriormente abandonó sus creencias religiosas y aristocráticas y entró en el Partido Liberal. Ministro de Finanzas (1852-1855 y 1859-1866), prosiguió su defensa del librecambismo, que ya realizó anteriormente como tory.
Jefe de Gobierno (1868-1874), aprobó las primeras medidas reformistas en Irlanda (desnacionalización de la Iglesia anglicana, reforma agraria de 1870) y la Ley Forster de educación nacional (1870). De nuevo primer ministro en 1880-1885, se encontró con un mayor autoritarismo de la reina Victoria y un menor entusiasmo de los propios liberales. En 1884 aprobó una nueva ley electoral. Puso fin a la presencia británica en Afganistán y África del Sur (1881), pero intervino en Egipto (1882). Prosiguió su política de reformas en Irlanda con una nueva ley agraria (1881) y el compromiso con el nacionalista irlandés Charles Stewart Parnell, partidario de disponer de un Parlamento en Dublín (Kilmainham Treaty, 1882). El proyecto de autonomía del Home Rule (1886) para Irlanda provocó la división del Partido Liberal y la caída de su Gobierno. En una tercera etapa como primer ministro (1892-1894) centró todos sus esfuerzos en la aprobación del Home Rule, pero fue derrotado de nuevo en la Cámara de los Lores (1893).
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